Darwin disparado en una estación petrolífera
Desde 1993 a multitud de seres humanos les han sido otorgados unos galardones conocidos como los premios Darwin. Éstos provienen de los Estados Unidos (Darwin Awards) y se conceden a las personas que han fallecido de manera atípica y estúpida, en accidentes comúnmente provocados por ellos mismos y que por su cultura o educación deberían haber sido capaces de evitar. La inclusión del nombre del naturalista Charles Darwin (foto) en los premios se debe a que con la muerte de estos personajes la especie humana mejora genéticamente, pues los individuos fallecidos desaparecen de las estadísticas, haciéndole un favor a la evolución darwiniana. Dichos premios también se conceden honoríficamente al sujeto que, aunque no muera, pierda la capacidad de perpetuar su estirpe y tener hijos que cometan, por genética, sus mismas barbaridades.
El 24 de junio de 2007 fueron nominados ex aequo dos jóvenes estadounidenses de 17 y 19 años, Samuel y Christopher. Dichos jóvenes salían de una fiesta en Routt National Forest ingiriendo generosas cantidades de alcohol y fumando marihuana, cuando decidieron divertirse saltando y retozando en un depósito de petróleo. Sus energéticos giros y frenéticos movimientos provocaron fugas de humo en la válvula de escape; y el mismo sheriff declaró durante el levantamiento de cadáveres que había varias fuentes de ignición. Debido al humo de los cigarrillos y a la presencia cercana de una fogata, finalmente una de las fuentes de ignición hizo que el depósito petrolífero estallara, disparando a los dos adolescentes a una distancia de ciento cincuenta yardas (unos 137 metros aproximadamente), causándoles la muerte instantáneamente.
Un premio Darwin para la extinción propia
y que cuenta con innumerables artículos periodísticos en la Red sobre el cambio climático, hasta ahora la humanidad entera ha estado a punto de provocar accidentalmente su propia extinción dos veces durante el último siglo: con un invierno nuclear y mediante el agotamiento de la capa de ozono. Si bien Henderson admite que hasta ahora las miles de cabezas nucleares de largo alcance no han provocado una destrucción masiva más que segura, no deja de atacar a la política militarista de la Administración Bush, anticipando que los actos de su presidente (encabezados por el arrebatamiento de petróleo a las potencias iraquíes “para prevenir las amenazas que se ciernen sobre el poder supremo de los Estados Unidos”) tendrán como consecuencia inevitable el desencadenamiento una guerra mundial mucho más devastadora que cualquiera de las ya sucedidas.
Escritos al borde de un ataque de nervios
También el ingeniero técnico Víctor Luis Álvarez publicó en el periódico asturiano “La Nueva España” un artículo titulado "El peak oil en la prensa asturiana". En dicho artículo Álvarez, manteniéndose fiel a las tesis de Hubbert, calcula el agotamiento energético entre 2005 y 2045 (cuando la energía que ofrece un barril de crudo es inferior a la que previamente habíamos aplicado para extraerlo, independientemente del precio de dicho barril), y señala que calculando que el gas natural dure unos diez años más, la predicción tiene un margen de error de hasta veinte años. Además, Álvarez considera inútiles o ineficaces la mayoría de las alternativas propuestas para sustituir la producción de dicha energía: el desarrollo sostenible, las energías renovables, el reactor nuclear de fusión o la tecnología del hidrógeno son insuficientes para compensar los resultados que ofrece el petróleo como fuente de energía. No obstante si es aplicado como materia prima para la industria del plástico o diversos fertilizantes Álvarez se muestra menos reticente a sustituirlo por carbón, y se queja de que la gran mayoría de instalaciones mineras de carbón en España están siendo desmanteladas, cuando ante su interpretación de las perspectivas que el fin del petróleo vaticinan pronto el carbón será la única reserva energética en España, que servirá incluso para generar electricidad.
Dos batidos y una pajita
La conducta de Plainview en la película no sería aprobada por Bill Henderson, puesto que guarda puntos en común con la tomada por la Administración Bush durante los años de mandato del presidente republicano. Además, hace notar la preocupación que se masca con el agotamiento del petróleo, mientras que a nadie le interesan otros problemas más importantes, como la desaparición del agua o de terrenos cultivables para pastos o alimentos. Henderson finaliza su artículo con una moraleja que pretende ser edificante, entregando su premio Darwin particular a “todas y cada una de las personas que deciden permanecer deliberadamente ignorantes de aquello de lo que somos en este planeta, de nuestra precaria posición y de nuestras responsabilidades”.