sábado, 6 de marzo de 2010

Darwin disparado en una estación petrolífera

Darwin disparado en una estación petrolífera


MUCHOS CIENTÍFICOS TIEMBLAN ANTE LA PERSPECTIVA DE UN AGOTAMIENTO DEL PETRÓLEO





















Desde 1993 a multitud de seres humanos les han sido otorgados unos galardones conocidos como los premios Darwin. Éstos provienen de los Estados Unidos (Darwin Awards) y se conceden a las personas que han fallecido de manera atípica y estúpida, en accidentes comúnmente provocados por ellos mismos y que por su cultura o educación deberían haber sido capaces de evitar. La inclusión del nombre del naturalista Charles Darwin (foto) en los premios se debe a que con la muerte de estos personajes la especie humana mejora genéticamente, pues los individuos fallecidos desaparecen de las estadísticas, haciéndole un favor a la evolución darwiniana. Dichos premios también se conceden honoríficamente al sujeto que, aunque no muera, pierda la capacidad de perpetuar su estirpe y tener hijos que cometan, por genética, sus mismas barbaridades.

El 24 de junio de 2007 fueron nominados ex aequo dos jóvenes estadounidenses de 17 y 19 años, Samuel y Christopher. Dichos jóvenes salían de una fiesta en Routt National Forest ingiriendo generosas cantidades de alcohol y fumando marihuana, cuando decidieron divertirse saltando y retozando en un depósito de petróleo. Sus energéticos giros y frenéticos movimientos provocaron fugas de humo en la válvula de escape; y el mismo sheriff declaró durante el levantamiento de cadáveres que había varias fuentes de ignición. Debido al humo de los cigarrillos y a la presencia cercana de una fogata, finalmente una de las fuentes de ignición hizo que el depósito petrolífero estallara, disparando a los dos adolescentes a una distancia de ciento cincuenta yardas (unos 137 metros aproximadamente), causándoles la muerte instantáneamente.

Un premio Darwin para la extinción propia

Sin embargo, para la página web Peak Oil News no son estos dos adolescentes los que deberían llevarse el Premio Darwin al Mal Uso del Petróleo: según el escrito “The Darwin Award for Self-Extinction goes to:” firmado el 10 de abril de 2006 por Bill Henderson, un activista que vive en Gibbons y que cuenta con innumerables artículos periodísticos en la Red sobre el cambio climático, hasta ahora la humanidad entera ha estado a punto de provocar accidentalmente su propia extinción dos veces durante el último siglo: con un invierno nuclear y mediante el agotamiento de la capa de ozono. Si bien Henderson admite que hasta ahora las miles de cabezas nucleares de largo alcance no han provocado una destrucción masiva más que segura, no deja de atacar a la política militarista de la Administración Bush, anticipando que los actos de su presidente (encabezados por el arrebatamiento de petróleo a las potencias iraquíes “para prevenir las amenazas que se ciernen sobre el poder supremo de los Estados Unidos”) tendrán como consecuencia inevitable el desencadenamiento una guerra mundial mucho más devastadora que cualquiera de las ya sucedidas.

Dicho artículo también señala que a finales del siglo XIX los científicos comenzaron a tener en cuenta los efectos a largo plazo de la quema de combustibles fósiles (en especial los efectos del CO2 liberado a la atmósfera). A finales del siglo pasado, la acumulación de CO2 y otros gases invernaderos basados en la determinación científica de los cambios climáticos en los últimos cien mil años sugería un problema potencialmente grave de calentamiento global.

Escritos al borde de un ataque de nervios

Es ahora cuando la Agencia Internacional de Energía (AIE) empieza a reconocer en privado que nos acercamos a ese peak oil o punto donde se empieza a acabar el petróleo enunciado por el científico King Hubbert (foto) en 1948, cuando estas emisiones de CO2 han sido reducidas un 2,6 % desde 1981, según el artículo firmado por Andy Robinson "La buena y la mala noticia del peak oil" en el periódico La Vanguardia el 11 de noviembre de 2009. Y hasta aquí las buenas noticias, porque si bien ese mismo artículo señala los inconvenientes más directos de haber alcanzado este peak oil (en especial una disminución del suministro de alimentos), no escasean artículos científicos que auguran perspectivas funestas para el ser humano. Henderson cita a Edward O. Wilson, un científico que ha desarrollado una metáfora de cuello de botella (un término biológico que implica la desaparición de un número importante de individuos en una especie, dejándola al borde de la extinción) sobre la expansión de la raza humana con sus poderosas tecnologías del siglo XXI. Remarcando el peligro que conlleva un crecimiento exponencial en un planeta finito, Wilson opina que la huella que dejará el ser humano sobre su acumulación excesiva de recursos naturales causará un agotamiento de los mismos, y esto unido a la producción de gases invernaderos provocará a largo plazo un mundo donde pocos serán los supervivientes a esta extinción, donde la biodiversidad se habrá perdido y la Naturaleza requerirá de varios millones de años para recuperarse.

También el ingeniero técnico Víctor Luis Álvarez publicó en el periódico asturiano “La Nueva España” un artículo titulado "El peak oil en la prensa asturiana". En dicho artículo Álvarez, manteniéndose fiel a las tesis de Hubbert, calcula el agotamiento energético entre 2005 y 2045 (cuando la energía que ofrece un barril de crudo es inferior a la que previamente habíamos aplicado para extraerlo, independientemente del precio de dicho barril), y señala que calculando que el gas natural dure unos diez años más, la predicción tiene un margen de error de hasta veinte años. Además, Álvarez considera inútiles o ineficaces la mayoría de las alternativas propuestas para sustituir la producción de dicha energía: el desarrollo sostenible, las energías renovables, el reactor nuclear de fusión o la tecnología del hidrógeno son insuficientes para compensar los resultados que ofrece el petróleo como fuente de energía. No obstante si es aplicado como materia prima para la industria del plástico o diversos fertilizantes Álvarez se muestra menos reticente a sustituirlo por carbón, y se queja de que la gran mayoría de instalaciones mineras de carbón en España están siendo desmanteladas, cuando ante su interpretación de las perspectivas que el fin del petróleo vaticinan pronto el carbón será la única reserva energética en España, que servirá incluso para generar electricidad.

Dos batidos y una pajita





El artículo de Robinson también incluye referencias de los científicos sobre las preocupaciones que debe tener la gente de a pie, en especial agricultores o gente que trabaje la tierra. El economista Simon Snowden apunta que tanto el 70% del precio de la leche como el 80% del coste del trigo corresponden al precio del barril de crudo. De igual modo el escritor George Monbiot remarca la dependencia de la agricultura al petróleo, y alerta de que si los agricultores no saben o no pueden cambiar su forma de cultivo su productividad se verá drásticamente reducida y causarán una importante hambruna en buena parte del mundo. Sin duda, nadie como los propios empresarios petrolíferos conoce la dependencia de las personas a la hora de disponer de los beneficios del oro negro. En la película Pozos de ambición (2007, Paul Thomas Anderson), el joven predicador Eli Sunday (Paul Dano) le ofrece al empresario Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) la posibilidad de colaborar en la explotación de un arrendamiento ubicado en el terreno de un vecino común, el joven Bundy, que está decidido a vender sus derechos de perforación de petróleo usando como intermediario al predicador. Plainview sabe que Eli se ha arruinado tras el reciente crack de la bolsa de 1929, y que ha convencido al vecino a través de su fe; por lo que acepta con una condición: que éste reconozca ante él que es un falso profeta y que Dios es una superstición. Cuando el predicador lo hace, Plainview le confiesa que ya ha agotado las reservas petrolíferas del lugar mediante el drenaje, el otro método de agotamiento del petróleo (esta vez por mano humana), y utiliza como metáfora dos batidos donde una pajita viaja de uno a otro, absorbiendo el contenido de un vaso y depositándolo en el otro.



La conducta de Plainview en la película no sería aprobada por Bill Henderson, puesto que guarda puntos en común con la tomada por la Administración Bush durante los años de mandato del presidente republicano. Además, hace notar la preocupación que se masca con el agotamiento del petróleo, mientras que a nadie le interesan otros problemas más importantes, como la desaparición del agua o de terrenos cultivables para pastos o alimentos. Henderson finaliza su artículo con una moraleja que pretende ser edificante, entregando su premio Darwin particular a “todas y cada una de las personas que deciden permanecer deliberadamente ignorantes de aquello de lo que somos en este planeta, de nuestra precaria posición y de nuestras responsabilidades”.

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